La historia bíblica de Isaac

En el Antiguo Testamento, Isaac es el segundo de los tres grandes patriarcas del judaísmo, junto a su padre Abraham y uno de sus hijos, Jacob. Su nombre significa “él reirá”, en referencia a la incredulidad causada, en sus padres ya ancianos, ante el anuncio de su futuro nacimiento. Fue el más longevo de los tres grandes patriarcas, llegando a vivir hasta los ciento ochenta años de edad según el relato bíblico.

Uno de los aspectos más importantes de la figura de Isaac dentro de la tradición abrahámica tiene que ver con su nacimiento, siendo el receptor del pacto realizado entre Abraham y Dios a través de la circuncisión del hijo varón.

El otro gran episodio bíblico relacionado con Isaac y su padre Abraham es la historia de su sacrificio. Dios envía a Abraham a construir un pilar y sacrificar a su hijo. Abraham accedió a pesar suyo, y cuando se disponía a asesinar a Isaac, Dios envió a un ángel para que detenga el sacrificio y en su lugar lo realice con un carnero. El sacrificio de Isaac es un aspecto muy discutido dentro de las tradiciones abrahámicas.

Cuando Isaac se acercaba a los cuarenta años de edad, su padre Abraham envió a su siervo Eliezer a buscarle una esposa. La elegida fue Rebeca, con quien tuvo dos hijos mellizos, Esaú y Jacob. Estos dos hijos son los protagonistas de otra interesante historia, según la cual Jacob engañó a su padre, ya ciego, y obtuvo su bendición en lugar del primogénito Esaú.

Pasado mucho tiempo, Isaac firma un pacto con el rey de los filisteos Abimelec y se asienta en Beerseba. Sus dos hijos, después de haber estado distanciados por varias décadas, se reconcilian y vuelven a encontrarse para enterrar a su anciano padre. Según el relato bíblico la tumba de Isaac se encuentra en Hebrón.