La historia bíblica de Sara

Sara, también conocida como Sarah, es uno de los personajes femeninos más importantes mencionados en el Antiguo Testamento. Su nombre original es Sarai.

En el relato bíblico, Sara es la esposa de Abraham además de ser su media hermana, y es la madre de Isaac y abuela de Jacob. Según la tradición rabínica, Sara fue una gran profetisa, incluso siendo superior en este aspecto a su esposo Abraham. El Talmud le dedica gran atención a Sara, de quien se dice que es la única profetisa de la Biblia que se comunica directamente con Dios y no a través de ángeles.

Luego de acompañar a Abraham desde Canaán hasta Egipto y ser posteriormente expulsados, Abraham tiene un hijo, Ismael, con su esclava egipcia Agar. Cuando Ismael es adolescente y la relación entre Agar y Sara se encuentra muy deteriorada, Sara le pide a Abraham que los eche a ambos de la familia. Aunque al principio Abraham no está convencido, es el mismo Dios quien lo insta a realizar lo que su esposa le pide.

Décadas más tarde ambos tendrán a su único hijo, Isaac. En ese momento Dios cambia sus nombres, Abram pasa a llamarse Abraham y Sara recibe su nombre definitivo, que significa algo así como “princesa”. En ese momento Abraham tenía cien años de edad y Sara noventa. Ante la incredulidad de las personas que creen que Isaac no puede ser su hijo natural, la tradición rabínica afirma que Sara logró amamantar a todos los niños de entre sus invitados.

Luego de instalarse en tierra de los filisteos junto al rey Abimelec, Abraham logra comprar una tierra cerca de Hebrón de manos de Efrón el hitita. Es allí donde Sara es finalmente enterrada por Abraham después de su muerte a los 127 años de edad. Según el relato bíblico Sara se encuentra enterrada todavía en la Cueva de los Patriarcas, y es objeto de veneración tanto de judíos, como musulmanes y cristianos.